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Malvinas: memoria viva, dolor persistente y el compromiso de no olvidar

En el marco de un nuevo 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, el testimonio de Gustavo Díaz vuelve a poner en primer plano una realidad que trasciende las conmemoraciones: la guerra no terminó para quienes la vivieron.

Durante una entrevista en LU100 Radio Capital, el excombatiente relató con crudeza su experiencia en el hundimiento del ARA General Belgrano, uno de los episodios más trágicos del conflicto del Atlántico Sur en 1982.

El horror de la guerra, en primera persona

Díaz tenía apenas 19 años cuando fue destinado al crucero. El 2 de mayo de 1982, dos torpedos impactaron en la nave. “El segundo entró a dos metros de donde yo estaba. Oscuridad total y salir como se podía”, recordó.

Logró abandonar el buque y sobrevivió durante 44 horas a la deriva, en una balsa, bajo temperaturas extremas y con olas de hasta diez metros. “No podías dormirte. Si te dormías, te morías congelado”, explicó.

En total, 323 tripulantes murieron en el hundimiento, y más de mil personas estaban a bordo. La experiencia dejó marcas imborrables.

Después de la guerra: otra batalla

El regreso no significó el final del sufrimiento. Díaz fue destinado a tareas en el área de sanidad, donde debió asistir en la recepción de heridos y muertos. “Había visto cosas muy feas. Eso también me marcó”, sostuvo.

Con el paso de los años, las secuelas emocionales se profundizaron. Durante un largo período atravesó una fuerte depresión, hasta que comenzó tratamiento psicológico. “Lloraba mucho. Me ayudaron a encontrar un equilibrio y hoy participo lo justo y necesario”, contó.

El impacto no es individual: según relató, más de 500 excombatientes se quitaron la vida tras la guerra, una cifra que expone la magnitud del trauma colectivo.

El reconocimiento, una deuda histórica

Díaz también se refirió al trato que recibieron los veteranos tras el conflicto. “En muchas provincias éramos mala palabra. No nos daban trabajo”, afirmó.

En ese contexto, destacó el rol de La Pampa como excepción: en 1985, el gobierno provincial otorgó empleo y vivienda a excombatientes, una política que permitió mejorar sus condiciones de vida.

Malvinas, más allá del calendario

En la entrevista también se hizo eco del mensaje de oyentes que reclaman mayor visibilidad durante todo el año. “Malvinas es todos los días, no solo el 2 de abril”, sintetizó.

Sin embargo, Díaz planteó una mirada matizada: muchas veces, el silencio o la distancia de la sociedad también responde al temor de incomodar o reabrir heridas. “Hay preguntas que todavía duelen”, explicó.

Una muestra para mantener viva la memoria

Como parte de las actividades conmemorativas, el excombatiente organizó una muestra abierta al público en su domicilio, donde exhibe una maqueta del ARA General Belgrano de más de un metro de largo.

La iniciativa, que inicialmente iba a ser íntima, se amplió ante el interés de la comunidad. “Todo suma para que no se olvide lo que fue Malvinas”, señaló.

“Ser buena gente también es una forma de luchar”

A pesar del dolor, Díaz sostiene una filosofía clara: transmitir valores y memoria sin odio. “Hay que seguir luchando, pero por la vía diplomática y siendo buena gente. Así se llega más lejos”, reflexionó.

Su historia, como la de tantos otros veteranos, revela que Malvinas no es solo un hecho histórico, sino una herida abierta que interpela a toda la sociedad argentina.


El testimonio de Gustavo Díaz no solo reconstruye el pasado: obliga a mirar el presente con responsabilidad y a sostener un compromiso activo con la memoria, el reconocimiento y la paz.